lunes, 1 de diciembre de 2008

Una Historia Real ... ¡!!


En una cena de camaradería en el Club CILSA de la ciudad de Santa Fe, que reúne,
principalmente a familiares y amigos de niños con “capacidades, diferentes”.
El papa de uno de ellos, tomo la palabra… las mismas jamás será olvidadas por los presentes…
Después de felicitar y exaltar a la institución y a todos los que trabajan por y para ella,

este papa hizo el siguiente razonamiento:
Cuando no hay agentes externos que interfieran con la naturaleza, el orden natural de las

cosas alcanza la perfección. … Pero mi hijo, no puede aprender como otros chicos lo hacen.
No puede entender las cosas como los demás.
¿Dónde está el orden natural de las cosas en mi hijo?
Todos quedaron impactados por la pregunta.
El papa,… continuó diciendo:
Yo creo que cuando un niño como Facundo, física y mentalmente discapacitado viene al mundo,

es una oportunidad de ver la verdadera naturaleza humana; se presenta, y se manifiesta en la forma
en la que otras personas tratan a ese niño.
Comenzó a relatar: … que un día caminando con Facu, por la vereda de un pequeño club de barrio, donde tras un alambrado, algunos chicos jugaban al fútbol.
Facundo le pregunta… ¿Crees que me dejen jugar?
El sabía que a la mayoría de los jovencitos, no le iba a gustar la idea, que alguien como Facundo jugara en su equipo, pero también entendió que si le permitían jugar, le darían un sentido de pertenencia muy necesario … y la confianza de ser aceptado por otros a pesar de sus habilidades especiales.
Ingresaron por una abertura del alambrado, se notaba que en otro tiempo había poseído un pequeño portón de chapa. Cuando (en el transcurso del juego) se les acercó al sitio donde estaban parados el chico que tenía la raída cinta de Capitán de uno de los equipos.
Le preguntó (sin esperar mucho) si Facundo, podría jugar... El chico miró alrededor, como buscando alguien que lo aconsejara y dijo:
Estamos perdiendo por dos a uno... Y al partido le quedan unos quince minutos... Supongo que puede unirse a nuestro grupo de suplentes y trataremos de que entre un rato antes del final.
Facundo se desplazó con dificultad hasta “el banco de suplentes” y con una amplia sonrisa, se puso

una camiseta del equipo, traspirada y abandonada en el suelo por un jugador reemplazado que,
fuera de la cancha, se encontraba frotándose un tobillo hinchado.
Mientras Facundo se sentaba entre el grupo de los que esperaban su posibilidad de jugar,

su padre lo contemplaba. Los otros chicos notaron algo muy evidente: la felicidad del papa,
que lo habían aceptado.
Faltaban cinco minutos para terminar el partido, el equipo de Facundo logró empatar el encuentro,

con un verdadero “cañonazo” desde la mitad de la cancha, que sorprendió al encandilado arquero al venir del lado del sol, pues ya caía con la tarde...
Quedaban algunos instantes cuando ocurrió otro hecho notable … una mala entrega de un defensor adversario permitió al centro-delantero “del equipo de Facundo” hacerse de la pelota en el área y cuando se aprestaba a definir con muchas posibilidades, el defensor, ofuscado por su desafortunada jugada anterior, lo “barrió” desde atrás; el árbitro pitó sin titubear:
-¡penal! ¡Penal sobre la hora...!
En medio de los acalorados festejos del equipo, por la incomparable oportunidad de ganar y

“¡sobre la hora!” al tradicional oponente, se vio que el centro delantero, encargado principal de patear los penales, apenas podía ponerse en pie por el fuerte golpe recibido.
Fue allí que el muchachito con la cinta de Capitán convocó al grupo de jugadores que deliberaba sobre quién patearía la pena máxima y les indicó a todos, a voz en cuello y señalándolo a Facundo:
-¡Tenemos entre los suplentes al mejor pateador de penales del equipo! ¡Nos queda un cambio!

Y dirigiéndose al árbitro le indicó:
-¡Yo salgo!. ¡Y él entra a patear el penal!
El referí autorizaba el relevo de los jugadores, en medio de la sorpresa del resto del equipo, mientras

el Capitán se dirigía hacia Facundo, sentado aturdido en el borde del campo.
Llegó a su lado, le dio la mano y... de un tirón lo puso de pie, le dio un ligero abrazo y cuando se
alejaba despreocupado, giró y le gritó:
-¡Suerte!...
Facu, obviamente extasiado sólo por estar en el juego y en el campo sonreía de oreja a oreja.
Su padre lo animaba desde un poco más lejos mientras en su cabeza un torbellino de preguntas se sucedían sin control… “con esta oportunidad, ¿le dejaban patear y renunciar a la posibilidad

de ganar el partido?”
Sorprendentemente, Facundo ingresó a la cancha. Sus dificultosos pasitos y su desmañada figura, indicaron a todos los jugadores del campo que un certero disparo por parte de Facundo era imposible.
Así hubiera sido un teórico experto en fútbol, todos se dieron cuenta de que no podría, quizás,

hacer llegar la pelota al arco.
Sin embargo, mientras se paraba delante de la pelota ubicada en el círculo, a doce pasos del arquero oponente, el papa tuvo la fuerte sensación de que quizás... el otro equipo... estuviera dispuesto... a perder... ¡para permitirle a su hijo tener un gran momento en su vida!
Facundo se movió unos pasos al frente y golpeó la pelota muy suavemente. El arquero, que supo obviamente la dirección que llevaba el balón, se arrojó hacia ese costado..., ¡pero como para “sacarla” desde el ángulo superior del arco! ... mientras la pelota ingresaba apenas rodando
bajo su cuerpo... ¡y trasponía la línea del gol!
El árbitro convalidó el tanto y sonar el silbato y dio por terminado el partido... Facundo, con sus
brazos en alto, rebosando felicidad, giró la cabeza mirando a su padre... mientras (cosa extraña)
los jugadores de ambos equipos lo vitoreaban y abrazaban como el héroe, que convirtió el gol
que dio a su país el campeonato de fútbol ...
“Ese día”, dijo el papa, “los chicos de los dos equipos ayudaron, dándole a este mundo un trozo de verdadero, cálido y prístino, amor humano”. El amor y la grandeza también forma parte del
"orden natural de las cosas".
Facundo no sobrevivió otro verano. Murió ese invierno... sin olvidar nunca haber sido el héroe... y
haber hecho a su papi muy feliz... al llegar ese día a casa … vio a su mama llorando de felicidad y… ¡abrazo al héroe del día...!
Nosotros tenemos miles de oportunidades cada día para ayudar a que se realice “el orden natural

de las cosas.... ¿Las aprovechamos?...
Un sabio dijo que:

“Toda sociedad será juzgada por cómo trata a los menos afortunados...” … Suerte¡!!

2 comentarios:

Pedro dijo...

Has conseguido emocionarme, Silvi. Es una historia increible.
Siembra de esperanza la vida del ser humano en este planeta, a pesar de lo que se piensa.
Gracias por compartirla.
Besos.

RAFAEL LIZARAZO dijo...

Hola, Silvia...

Aunque un poco tarde, al leer tu post encontré una historia maravillosa, que ojalá se repitiera a cada momento en algún lugar del mundo.

A veces las buenas acciones son mejores cuando van dirijidas hacia un ser menos afortunado, pero por lo general tendemos a ayudar a quienes menos lo necesitan.

Un abrazo